FABRICA KIROV

fabrica kirov

La fábrica Kírov (antiguamente llamada fábrica Putílov y fábrica roja Putílovets durante la época soviética) es una de las mayores compañías y de más amplia historia de San Petersburgo. Ubicada en la Avenida de las huelgas (en ruso: проспект Стачек), es célebre por haber sido epicentro de la Revolución rusa de 1905 y la de Revolución de Octubre de 1917.

La fábrica fue construida en virtud de un real decreto del emperador Pablo I el 28 de febrero de 1801 para la fabricación de herrajes con destino a Kronstadt. La primera bala de cañón se terminó el 3 de abril de 1801. En 1844 se inauguró una vía de ferrocarril que llegaba hasta la planta.

Interior de la fábrica en 1900

Entre 1868 y 1880, la industria pasó a ser propiedad del empresario ruso Nikolái Putílov, que fue quien le dio el nombre de “Putílov” a las instalaciones. Durante este periodo la planta se amplió para que pudiera acoger nuevas actividades industriales, como altos hornos, laminado y fabricación de acero o fundición de hierro para hacer vagones de ferrocarril. En la década de 1880, la fábrica empezó la construcción de destructores y cañones navales para barcos de guerra. En 1894 empezaría la producción de locomotoras de vapor. Así, en 1900 la fábrica Putílov era la mayor productora industrial de todo el Imperio Ruso y la tercera de Europa Occidental, solo superada por las del gigante metalúrgico Krupp en Alemania y las de Armstrong en Inglaterra.

En enero de 1905 los obreros de la fábrica Putílov se declararon en huelga por el despido improcedente de cuatro trabajadores. Fue entonces cuando se formó la “Asamblea de trabajadores fabriles rusos de San Petersburgo”, dirigida por el sacerdote Georgi Gapón.3 La dirección de la empresa se negó a atender la reinvidicaciones obreras. Mientras, la huelga ya se había extendido a otras ciudades rusas. Los obreros con sus familias marcharon al Palacio de Invierno para llevar en persona al zar sus reivindicaciones y perdirle unas condiciones de trabajo dignas.

Durante la guerra y ante la invasión alemana del país, muchos trabajadores y expertos de la planta fueron evacuados a Cheliábinsk junto con las líneas de producción de tractores. Esta nueva planta en los Urales se convertiría en la famosa Tankograd, la mayor productora soviética de tanques, cañones autopropulsados y otros vehículos blindados y municiones.4 Sin embargo parte de las instalaciones y su personal permaneció en Leningrado. Durante el sitio de Leningrado la fábrica, prácticamente en primera línea de combate, se dedicó a la reparación de vehículos de combate, fue bombardeada con 770 bombas y 4680 proyectiles, muriendo 139 trabajadores e hiriendo a otros 788.5 En honor al servicio prestado, la planta fue galardonada con la Orden de la Guerra Patria de 1.ª clase.

FABRICA KIROV1

Tatiana era consciente de que se había cansado de ser una chiquilla.
Al mismo tiempo, no sabía qué otra cosa podía ser, así que se buscó
un trabajo en la fábrica Kirov, en la parte sur de Leningrado. Esto
equivalía casi a ser adulto. Ahora trabajaba, leía el periódico y meneaba
la cabeza al ver los titulares que hablaban de Francia, el mariscal
Pétain, Dunquerque y Neville Chamberlain. Intentaba ser muy seria,
asentía con decisión mientras seguía las alternativas de la crisis en el
bosque de las Ardenas y el Extremo Oriente. Esta era la concesión de
Tatiana a la edad adulta: la Kirov y el Pravda.

Le gustaba el trabajo en la Kirov, el mayor complejo industrial de
Leningrado y probablemente de toda la Unión Soviética. Había escuchado
rumores de que en algún lugar de la fábrica se construían
tanques. Pero lo ponía en duda. No había visto ninguno.
Ella trabajaba en la sección de cubertería. Su trabajo consistía en
meter los cuchillos, los tenedores y las cucharas en las cajas. Era la penúltima
de la cadena. La última cerraba las cajas. Tatiana sentía pena
por ella; cerrar cajas era muy aburrido. Al menos, ella manejaba tres
tipos diferentes de cubiertos.
Trabajar en la Kirov durante el verano sería divertido, pensó Tatiana,
cómodamente acostada en la cama, pero no tan divertido como
hubiese sido la evacuación.

FABRICA KIROV2

-¿Cómo sabías que me encontrarías aquí?
-Tu padre me dijo ayer que trabajabas en la Kirov. Pensé que ésta
sería la parada donde esperarías el autobús.
-¿Por qué? —preguntó ella, risueña—. ¿Es que tenemos tanta suerte
con el transporte público?
-¿Hablas del pueblo soviético? —replicó Alexandr, con una sonrisa-.
¿O te refieres a nosotros dos?
Tatiana se sonrojó. El autobús número 20 llegó con lugar para
dos docenas de pasajeros. Subieron tres docenas. Alexandr y Tatiana
decidieron esperar.
-Venga, caminaremos -dijo Alexandr, cuando el siguiente autobús
apareció repleto. La cogió del brazo y la apartó amablemente de
la parada.
-¿Adonde iremos caminando?
-A tu casa. Quiero hablar contigo de una cosa.

————————————————————

A la mañana siguiente, durante la reunión matinal en la Kirov, Tatiana
recibió la noticia de que la jornada, como contribución al esfuerzo
de guerra, se prolongaría hasta las siete de la tarde hasta nuevo aviso.
Tatiana adivinó que el nuevo aviso seria el final de la guerra. Krasenko
informó a los trabajadores de que él y el secretario del partido de
Moscú habían decidido acelerar la producción del tanque KV-60,
necesario para la defensa de Leningrado. Krasenko añadió que Leningrado
sería defendido con los tanques, las municiones y la artillería
que fabricaban en la Kirov. Stalin no desplazaría ni una pieza de
artillería del frente sur al frente de Leningrado para defender la ciudad.
Todo aquello que Leningrado produjera para defenderse a ella
misma —armas y comida— tendría que ser suficiente.
Después de la reunión, fueron tantos los trabajadores que se ofrecieron
voluntarios para ir al frente que Tatiana creyó que cerrarían la
fabrica. Pero no tuvo esa suerte. Ella y otra trabajadora, una mujer
mayor llamada Zina, volvieron a la cadena de montaje.
Durante la tarde, la claveteadora automática se rompió y Tatiana
tuvo que clavar los clavos de las cajas con un martillo. A las siete de la
tarde le dolían la espalda y el brazo.

———————————————————————–

Llegó el tranvía. Iba lleno. Tatiana le cedió su asiento a una anciana,
mientras que Alexandr no manifestó el menor interés por sentarse.
Se sujetaba a la agarradera de cuero con una mano y sostenía
el fusil en la otra. Tatiana se sujetaba al asa un tanto oxidada de un
asiento. Cada vez que el tranvía se balanceaba bruscamente en una
curva, la muchacha chocaba contra el teniente, y se disculpaba. Su
cuerpo era tan duro como la pared de la Kirov.
Tatiana quería sentarse con él a solas en alguna parte y preguntarle
por sus padres. Por supuesto no podía preguntarle en el tranvía.
¿Saber algo de sus padres sería conveniente? ¿Saber cosas de su vida
no la haría sentirse más próxima a él, cuando precisamente lo que
necesitaba era alejarse todo lo posible?
No dijo nada mientras el tranvía los llevaba hasta Vosnesenski
Prospekt, donde cogieron el tranvía número 2 hasta el museo Ruso.
-Tengo que marcharme -manifestó Tatiana, sin ningún entusiasmo,
en cuanto se bajaron.
-¿Quieres sentarte un momento? —le preguntó Alexandr bruscamente-.
Podríamos sentarnos en uno de los bancos de los jardines
italianos.
-De acuerdo. -Tatiana intentaba no saltar de alegría mientras caminaba
a su lado con pasos cortos y rápidos.
Se sentaron, y la muchacha se dio cuenta de que él le estaba dando
vueltas a algo en su mente, algo que deseaba decir y no podía. Esperaba
que no se refiriera a Dasha. «¿No lo habíamos dejado atrás?»,
pensó. Ella todavía no. Pero él era mayor. Tendría que haberlo hecho.



La planta ha sido galardonada con los siguientes premios:8

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