SHLISSELBURG

shlisselburg

SCHLISSELBURG COLL

—Alexandr, los alemanes no ocupan toda la orilla del Neva, ¿verdad?
—preguntó Dasha.
—Ocupaban toda la ribera alrededor de la ciudad, y después río
arriba hasta el lago Ladoga, hasta Schiisselburg.
Schiisselburg era una pequeña ciudad edificada en un extremo
del Ladoga, donde el Neva iniciaba su viaje de setenta kilómetros
hasta Leningrado para acabar desaguando en el golfo de Finlandia.

Schlisselburg – english

SHLISSELBURGO COLL

El tema de conversación era lo mal preparado que estaba el ejército
soviético para defender el Neva de los ataques alemanes.
—Hace dos días, fui con mi batallón Neva arriba, al otro lado de
Schiisselburg, para cavar trincheras -explicó Alexandr-. También
instalamos unos cuantos morteros pero, ¿saben?, nadie estaba en su
sitio. Ni siquiera —bajó la voz— el ubicuo NKVD hace mucho acto
de presencia por allí.
—No pueden estar en todas partes al mismo tiempo -señaló Tatiana-.
Tienen que atender demasiadas funciones: vigilancia de frontera,
protección de las fábricas, la seguridad urbana…
—Sí, y hacer de Gestapo —la interrumpió Alexandr—. Tampoco
debemos olvidarnos de los ministerios de todos los asuntos internos
y de la seguridad interna.
Todos esbozaron una sonrisa; Tatiana le sonrió al plato. Necesitaba
tocarle la mano para ayudarle en la transición de su pasado al presente
compartido. No podía tocarlo: su familia estaba alrededor de la mesa,
y también lo estaba Dimitri. Pero su Alexandr necesitaba que lo tocara.
Al cabo de un momento se levantaría para darle lo que necesitaba, y
que los demás, que no necesitaban nada de ella, se fueran al infierno.

—Tania, te parecerá increíble -añadió Alexandr-, pero si los alemanes
hubiesen atacado de firme durante las dos primeras semanas
de septiembre, creo que se hubieran hecho con la victoria. No teníamos
desplegados los tanques ni la artillería. Las únicas tropas en posición
frente a Schiisselburg era los restos del ejército que combatió en
Carelia, y unos cuantos voluntarios mal armados. —Hizo una pausa—.


-No me lo puedo creer.
-¡Lo sé! -exclamó Dasha, excitada—. Yo misma casi no me lo creo.
-Estamos en guerra. Podría morir, Dasha.
-Lo sé. ¿Crees que no lo sé? No bromees con su muerte.
-No bromeo. -Tatiana se estremeció.
-Doy gracias a Dios de que finalmente lo hayan sacado del frente
de Dubrovka y que ahora esté en Schiisselburg. Allí se está más tranquilo.
-Dasha sonrió-. ¿Sabes? Es lo que hago ahora. Cierro los
ojos, busco su presencia, y así sé que está vivo. Tengo un sexto sentido
-añadió con un tono de orgullo.



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