NIÑEZ DE ALEXANDER BARRINGTON

BOSTON, 1930

NIÑOALEXANDER De pie frente al espejo, Alexander Barrington se ajustaba la pañoleta de los Boy Scouts. Mejor dicho, intentaba ajustarla pero no lograba apartar los ojos de su rostro inusitadamente serio, con la boca curvada en una mueca de tristeza. Sus manos forcejeaban con la pañoleta blanca y gris, incapaces precisamente ese día de cumplir bien la tarea.
Alexander se apartó unos pasos, contempló la pequeña habitación y suspiró. No había mucho que ver: un suelo de madera, un ajado papel pintado con dibujos de ramas, una cama y una mesilla de noche.
A Alexander no le importaba porque aquél era sólo un cuarto alquilado y todos los muebles pertenecían a la casera, que vivía en la planta baja. La verdadera habitación de Alexander no estaba en Boston sino en Barrington; en ella se sentía muy cómodo, pero en ningún otro sitio había vuelto a sucederle lo mismo. Y había ocupado seis habitaciones diferentes en los últimos dos años, desde que su padre había vendido la mansión familiar y decidido marcharse de Barrington, alejando a Alexander de su pueblo natal y de su infancia. RETRATO

Ahora estaban a punto de dejar también aquella habitación. Pero a Alexander no
le importaba.
O mejor dicho, no era eso lo que importaba.
Alexander se volvió otra vez hacia el espejo y no le gustó la expresión entristecida
del niño que le devolvía la mirada. Apoyó la frente en el cristal y exhaló un hondo
suspiro.
—¿Y ahora qué?…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s