ALEXANDER EN MOSCÚ

MOSCÚ 1930

sintió náuseas en cuanto traspasó el umbral.NIÑOALEXANDER2
—¿Qué es ese olor, mamá? —preguntó.
La habitación estaba a oscuras y Alexander no veía bien qué había en su interior.
Cuando su padre encendió la luz, siguió sin ver apenas nada porque la bombilla estaba sucia y amarillenta. Alexander se tapó la nariz y volvió a preguntar qué era aquel olor. Su madre no dijo nada; se quitó el sombrerito y el abrigo, pero al sentir frío se los volvió a poner y encendió un cigarrillo.
El padre de Alexander recorrió la habitación con pasos viriles, palpando la cómoda, la mesa de madera y los visillos polvorientos.

MOSCU Ya era de noche cuando los llevaron por fin a la residencia. Alexander imaginó que no quedaba lejos del centro, pero no habría podido decirlo con seguridad. Habían llegado a Moscú al amanecer, después de viajar dieciséis horas en tren desde Praga.
Antes habían viajado otras veinte horas desde París, donde habían tenido que aguardar dos días a que les dieran los documentos, los permisos o los billetes de tren, no sabía muy bien qué. Pero le había gustado París. Los adultos estaban muy atareados y le hacían poco caso, y él se entretenía leyendo su libro favorito, Las aventuras de Tom Sawyer. Cada vez que quería olvidarse de los mayores, abría el libro y se sentía mejor.
Claro que luego su madre intentaba explicarle por qué había discutido con su padre, y
Alexander tenía ganas de decirle que hiciera caso a papá y no le fuera a él con
historias.

En la habitación había un camastro cubierto con una mantita de lana. Cuando se camastro
fue Harold, Alexander se asomó a la ventana para ver qué había fuera. Hacía mucho
frío en Moscú. Era diciembre y la temperatura era de varios grados bajo cero. Al
asomarse a la calle desde el segundo piso, Alexander vio que en el suelo de uno de los
portales dormían cinco personas. Dejó la ventana abierta. Hacía frío pero no le
importaba. Prefería que se ventilara la habitación.
Salió al pasillo pero no pudo entrar en el baño y optó por bajar a la calle. Al volver
se desvistió y se metió en la cama. El día había sido largo y Alexander sólo tardó
unos segundos en dormirse, pero tuvo tiempo de preguntarse si también existiría el
olor a capitalismo.

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