TOLMASHEVO

TOLMASHEVO

TOLMASHEVO, DISTRITO DE LUGA (INGLES)

Pasha iba a los campamentos de chicos todos los veranos, en Tolmashevo, Luga, o Gatchina. Pasha prefería Luga porque tenía el mejor río para bañarse. Tatiana prefería que Pasha fuera a Luga porque estaba más cerca de su dacha y ella podía ir a visitarlo. El campamento
de Luga estaba a sólo cinco kilómetros de la dacha, en línea recta a través del bosque. Tolmashevo, en cambio, estaba a veinte kilómetros de Luga, y allí los monitores eran estrictos y querían que
todos se levantaran con el alba. Pasha decía que era un poco como estar en el ejército. Ahora sería casi como alistarse, se dijo Tatiana, sin prestar atención a las palabras de su padre.

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Volodia Iglenko, que tenía la misma edad de Pasha y que iba al
campamento de Tolmashevo con él, bajó las escaleras con los Metanov,
cargado con su maleta, y abrió la puerta por sus propios medios. Eran tres hermanos. El tenía que ocuparse de hacer sus cosas.

Mientras escuchaba sus palabras, Tatiana vio al otro lado de la
calle la estación Varsovia con la fachada cubierta de símbolos imperiales
y pensó fugazmente cómo sería ver Varsovia, Lublin y Swietokrist.
Pero de pronto habían aparecido Pasha y Tolmashevo.

-¿Por qué? -preguntó finalmente.
-Porque existe el peligro de que Tolmashevo caiga en manos de
los alemanes —respondió Alexandr, después de una pausa.
-¿De qué estás hablando? -Ella no le comprendía, e incluso si lo
hacía, no lo deseaba. Prefería no comprender. No quería que nada la
alterara. Se sentía tan feliz por que Alexandr había venido a verla por
propia voluntad… Sin embargo, había algo en su voz: Pasha, Tolmashevo,
alemanes, estas tres palabras unidas en una sola frase, dicha por
alguien que era casi un extraño, de mirada afectuosa y en un tono…

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Tatiana se apoyó en la pared, preocupada por saber cuándo sería
un buen momento para sacar el tema de su hermano y Tolmashevo.
Casi nadie se daba cuenta de que estaba aguantando la pared, excepto
Dasha, que la miró desde el sofá y le dijo: «¿Por qué no comes un
plato de estofado de pollo? Todavía está caliente», y Tatiana consideró
que era una buena idea. Fue a la cocina, se sirvió dos cucharones
de patatas, zanahorias y pollo. Después se sentó en el alféizar de
la ventana y miró el patio mientras dejaba enfriar el estofado. Era incapaz
de comer nada caliente. Se quemaba por dentro.

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Tatiana se dispuso a intervenir, a decir algo sobre Tolmashevo,
pero no sólo no estaba segura del mensaje que al parecer debía transmitir
a su madura, insufrible y sabihonda familia, sino que de pronto
se le ocurrió que quizá tendría que explicar cómo había conseguido
esta información sobre el futuro avance de los alemanes en territorio
ruso. «¿Quizá?», pensó. Cerró la boca.
El padre, sentado junto a la madre, miraba su copa vacía.
Tomemos otro trago -manifestó con tristeza—, y brindemos por Pasha.

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Al cabo de unos días, Alexandr se sintió casi feliz de no ver el hermoso
rostro de Tatiana. Se enteró de que los alemanes sólo estaban
a dieciocho kilómetros al sur de la mal defendida línea del Luga, que a
su vez se encontraba sólo a dieciocho kilómetros al sur de Tolmashevo.
Las informaciones recibidas en el cuartel eran que los alemanes
habían arrasado la ciudad de Novgorod en cuestión de horas. Novgorod,
la ciudad al sudeste de Luga, donde Tatiana había dado volteretas en el lago limen.

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